Risa en el Museo

«Un día sin reír es un día perdido.» Charles Chaplin

Risa en el Museo

Comisariado por Jaume Capdevila (KAP)

Comisariado por Jaume Capdevila (KAP)

Dibujando de humor y caricaturista

El humor es una de las cosas más difíciles de definir que existen y, sin embargo, una de las más fáciles de experimentar. Definitivamente, se trata de una de las características que nos convierten en humanos, un mecanismo que une funciones cognitivas, lingüísticas, psicológicas y sociales bajo un formato lúdico.
La risa se puede desencadenar con un estímulo físico (las cosquillas) o bajo un estímulo intelectual al que llamamos humor. El humor, experiencia inabarcable de la que solo disfrutamos los humanos (¡y quizás no todos!), tan rico como fascinante, tiene varias caras y funciones: de la comicidad compartida a la ironía sutil, de la sátira punzante al humor negro. De la bufonada emancipadora al escarnio sádico. De la broma de la juerga ritual y colectiva a la burla con carga política o social; de la sonrisa íntima, terapéutica y liberadora a la carcajada convulsa, franca y excitante. El humor impregna la existencia humana. Y por eso encontramos manifestaciones humorísticas desde tiempos muy remotos y en todos los ámbitos.
Como depositarios del legado cultural, artístico y patrimonial de nuestra historia, los museos están llenos de obras vinculadas a alguna de las facetas del humor. ¿Descubrimos algunas?

Universal y ancestral

«El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa.» Friedrich W. Nietzsche

El sentido del humor es la capacidad humana de percibir algo como cómico o gracioso. Esta capacidad provoca un estímulo que puede manifestarse físicamente, en forma de risa o carcajada, pero sobre todo se trata de un estímulo intelectual, relacionado con la percepción, con el hecho de percatarse, de entender, de captar un matiz que modifica el sentido de una realidad, y puede producirse en cualquier momento, lugar o circunstancia. La capacidad de reír despierta en todos los humanos durante los primeros meses de vida y, en contraposición con el llanto, acompaña al bebé en el aprendizaje y asimilación de todas las novedades a las que se enfrenta su pequeño cerebro en desarrollo. Tiene una dimensión íntima y privada –nuestra risa depende tanto de nuestra predisposición anímica como de nuestro bagaje social, cultural e intelectual– y a la vez una dimensión social, compartida. Es contagiosa y a veces incontrolable. Es absolutamente universal y está presente en la vida de los seres humanos desde tiempos inmemoriales.

Busto clásico de sátiro joven, finales del siglo I-primera mitad del siglo II. Mármol, 30 x 26,5 x 27 cm. Núm. registro MR 008085. Museu de Reus.

Buda risueño, siglo XIX. Escultura de pasta cerámica. Núm. registro MFM S-25556. Museu Frederic Marès.

Máscara tailandesa, 1999. Madera, 25 x 27 x 12 cm. Núm. registro: 6189. Museu Abelló.

Ménsulas. Antigua iglesia de Sant Joan de Lleida, siglo XIII. Escultura en piedra. Núm. registro: MLDC 477. Museu de Lleida. © Fotografia: Llorenç Melgosa

Ménsulas. Antigua iglesia de Sant Joan de Lleida, siglo XIII. Escultura en piedra. Núm. registro: MLDC 561. Museu de Lleida. © Fotografia: Llorenç Melgosa

La representación de la risa

«¡Cuántas cosas hay en una risotada! Es la clave secreta con que se descifra un hombre entero. » Thomas Carlyle

La risa es fascinante, porque se trata de una reacción puramente física a un estímulo emocional o intelectual. Se puede forzar una sonrisa, pero es difícil imitar (y reprimir) la franca risotada que nos hace estallar en convulsiones incontrolables, originada por algo que nos ha parecido verdaderamente divertido.

La risa es anterior al desarrollo del lenguaje. Se trata de un gesto que yuxtapone una reacción biológica y psicológica ante cualquier hecho vital. La compartimos con los grandes simios, por lo que la arrastramos de estadios evolutivos primigenios y resulta fundamental en la comunicación oral-gestual, a la vez que guía las relaciones interpersonales y favorece el desarrollo del sentido de comunidad.

Pere Vidiella. Sonrisa, siglo XX. Terracota pintada, 16 x 10 x 19,5 cm. MAMT NIG 3761. Museu de Tarragona.

Máscara facial antropomorfa, área Wé, Guere-Wobe, segunda mitad del siglo XX. Madera, 27 x 15 x 10 cm. Núm. registro: 458. Museu Abelló.

Cabeza de ángel, c. 1330. 1330. Escultura de piedra tallada, 11,5 x 8,7 x 7,5 cm. Santa Maria de Poblet, Tarragona. Núm. registro: MFM 605. Museu Frederic Marès.

Virgen con el niño. Siglo XIV. 68 x 27 x 14 cm. Núm. registro: MFM 848. Museu Frederic Marès.

Josep Clarà i Ayats. Alegría Infantil, hacia 1900. Yeso, 24 x 31 x 17 cm. Núm. registro 134.631. Museu de la Garrotxa.

Una religión seria… o no tanto

«El humor es el instinto de tomarse el dolor a broma.»

Max Eastman

Agustí Pujol I. San Bartolomé Apóstol, 1587-1589. Talla de madera, pintura al temple, pan de oro, 127 x 55 x 43 cm. Núm. registro: MR 001466. Museu de Reus.

Las distintas religiones, que pretenden comunicar a los seres humanos con lo divino mediante prácticas, rituales, costumbres y creencias, son esencialmente serias. Mientras que para todas las religiones siempre hay una serie de cosas que son sagradas, la risa, mediante la ridiculización, tiene un enorme poder desacralizador. Las antiguas cosmogonías pobladas por distintas divinidades permitían la convivencia de dioses serios e irascibles con otros encargados de las bromas y la juerga. Con el monoteísmo, sin embargo, la broma es desahuciada de los cielos. La ley divina se impone a través del temor de Dios… pero el humor aleja el temor.

Socarrat. Paterna, siglo XV. Terracota pintada con manganeso y hierro, 44 x 36 x 3 cm. MCB 5549. Museu del Disseny.

Es por este motivo que las escrituras son rigurosamente serias y la iconología cristiana se focaliza en el dolor, el martirio y el sufrimiento. Pero el humor, que es indisociable de la experiencia humana, termina por colarse entre las grietas de la ortodoxia, así que lo encontramos en los márgenes de los libros que se copian en los scriptoriums, en retablos, capiteles o ménsulas. La ridiculización se aplica a quien se aleja de la luz, y así, el grotesco demonio a los pies de San Bartolomé o en el frontal del altar de Chía se representan como personajes caricaturescos y renegridos, lejos de la gracia divina.

Plato decorado en verde y manganeso, s. XIV. Museu de Manresa, MCM2196.

Iohannes. Taller de la Ribagorza. Frontal de altar de Chía, s. XIII. Temple, relieves de estuco y restos de hoja metálica corlada sobre tabla de madera, 100 x 146 x 8 cm. Núm. catálogo 003902-000. Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Jaraneros y bromistas

«La gente no siempre se da cuenta de cuánta verdad, sabiduría y seriedad se ocultaban bajo la máscara de un bufón

André Gide

El sátiro es un personaje mitológico que sirve a los griegos para hacer patentes las facetas más incorrectas del comportamiento humano, con los cuernos, las orejas puntiagudas y las pezuñas de cabrito que unos siglos más tarde heredarán los diablillos que desempeñan el mismo papel en el credo católico.

Con el desarrollo urbano a partir del Renacimiento se produce una domesticación de la risa. La ciudad tiene miedo de la risa descontrolada porque puede suponer el inicio de la bullanga, el tumulto y la subversión. El desenfreno puede terminar en disturbios; por eso, las manifestaciones de alegría descontrolada se van modulando, se acotan y ritualizan.

El bardo, el goliardo o el bufón profesionalizan la pulsión humorística de las sociedades, que también se canaliza a través del circo, el teatro, la comedia, la música o figuras grotescas de la cultura popular.

Cabeza de Sileno. Mármol blanco, siglo II d. C. Núm. inv. MLDC 589. Museu de Lleida.

El Festín de Baltasar. Beatus de la Seu d’Urgell, s. X. Códice anónimo. F 219, núm. inventario 501. Museu Diocesà de la Seu d’Urgell.

Joaquim Pla i Dalmau. Circo barato, 1958. Núm. reg. 250.204. 250.204. Museu d’Art de Girona. Fondo de Arte de la Diputació de Girona. Foto: Rafel Bosch.

Anónimo. Azulejos de oficios, siglo XVIII, Pisa. 53,5 x 40,5 cm. Núm. inventario: MEV 23914, 23916, 23918, 2643, 2641, 23913, 23917, 23912, 3174, 23919, 23920, 23915. Museu d’Art Medieval.

La juerga colectiva

«En Carnavales, todo vale.» Refrany popular

La risa es central en la mayoría de celebraciones colectivas por todo el territorio y más allá de los tiempos. Bufones, payasos, locos, enanos, monstruos y enmascarados que incitan al sarao, al bailoteo, la broma y la parodia mediatizan la necesidad de diversión de las distintas sociedades. En algunas fiestas, la transgresión tiene un papel fundamental: de las Dionisias y bacanales griegas y romanas al extinto Risus Paschalis, nuestro Carnaval o la fiesta judía de Purim, el disfraz y el humor sirven para liberar a los hombres de su pesado día a día mediante las máscaras, la inversión de roles y la parodia. En otras, el humor se hace presente por la relajación de la presión de las normas sociales, a los efectos del alcohol y a la desinhibición provocada por el jolgorio colectivo y gregario.

El humor abre la puerta a la liberación, ofrece una válvula de escape a la presión de la vida cotidiana y resulta, a su vez, una herramienta para perpetuar el orden social establecido: el disfraz permite una relajación de las normas sociales, un simulacro de liberación que evita que haya una reclamación de liberación real que ponga al sistema en peligro. La fiesta es una catarsis colectiva que actúa a la vez como mecanismo de control.

Joan Abelló. El gran carnaval del mundo, 1979. Óleo sobre tela, 195 x 255 cm. Núm. registro: 2041. Museu Abelló.

Lola Anglada. Carnaval. Las danzas ,1949. 35 x 49,5 cm. Núm. registro 9121. Biblioteca Museu Víctor Balaguer.

Bolsa de confeti o caramelos del Carnaval, 1916. Seda, 23 x 18 x 0,5 cm. Núm. registro MR 013725. Museu de Reus.

Àlex Grifeu. Cartel Carnaval de Roses, 2001. 68 x 48 cm. MDB 1295. Museu del Disseny.

«El retrato y la caricatura, en el nivel figurativo, representan los polos opuestos de una escala imaginaria que oscila entre el máximo de figuración realista y el máximo grado de abstracción.» María Albérgamo

Una caricatura es un retrato fisionómico en el que se produce una distorsión –sea por adición, sustitución o elipsis– que modifica la forma del rostro representado. Pero en una buena caricatura, cuanto mayor es la deformación, mayor es el parecido. De hecho, el secreto de una buena caricatura lo describe precisamente Ernst Gombrich, quien, con su colega homónimo Ernst Kris, dedicó en 1940 un pequeño libro a analizar esta modalidad artística, cuando nos dice que el placer en la contemplación de la caricatura radica en «el descubrimiento teórico de la diferencia entre el parecido y la equivalencia». Es decir: el cerebro humano disfruta al descubrir los rasgos más distintivos del rostro original, escondidos bajo la distorsión artística.

La caricatura aparece durante el Renacimiento, de la mano de los hermanos Carracci, Bernini y Leonardo da Vinci. En el mismo momento y en los mismos talleres donde se fabricaron algunas de las más bellas imágenes de la historia del Arte, nace también la caricatura, los ritrattini carichi “retratos cargados”–, dibujos en los que se utiliza la exageración, la deformación y cualquier otro recurso que permita al artista una mayor expresividad. Liberada de las exigencias del canon académico, la caricatura ha servido para ensanchar los márgenes de la expresividad artística y ha gozado de una enorme difusión popular en las páginas de la prensa de los siglos XIX y XX.

Francesc Soler i Rovirosa / Manuel Casagemas / Joan Ballester. Álbum de caricaturas, mediados del siglo XIX. Papel y acuarela, 30 x 21 cm. Núm. registro: MFM 6277. Museu Frederic Marès.

Lluís Bagaria. Caricatura de Miquel Utrillo, 1924. Lápiz sobre papel, 18,8 x 12,8 cm. Núm. de registro: 4789. Museu Abelló.

Lluís Bagaria. Caricatura de Smith, 1924. Lápiz sobre papel, 18,8 x 12,8 cm. Núm. de registro: 4790. Museu Abelló.

Nicolás Martínez Lage, “NIKO”. Francisco Franco, c. 1950. 1950. Rotulador sobre cartulina, 31,5 x 23,4 cm. Colección MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida. Donación de la Familia Martínez Andrea, 1993.

Caricatura de Ramon Casas, c. 1910. 1910. Tinta, acuarela y gouache sobre papel, 58 x 40 cm. Núm. registro: 698. Museu d’Art de Sabadell.

Isidre Nonell. Nonell y Pere Romeu, c. 1909. 1909. Tinta y gouache sobre papel. Núm. de catálogo: 043902-D. Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Jean-Michel Basquiat. Autorretrato, 1986. Pintura acrílica sobre tela. Núm. de registro 0413. Museu d’Art Contemporani de Barcelona.

Reír contra la censura

«Cuando al tirano se le puede llamar tirano, el humor deja de ser necesario.» Cándido

La prensa ilustrada se desarrolla durante el siglo XIX junto con los procedimientos técnicos que permiten una mejor reproducción de estas imágenes. Así, el dibujo pasa de ser solo un complemento decorativo en las publicaciones de principios de siglo a tener una importancia fundamental que favorecerá la consolidación de todo un tipo de prensa basado en la imagen.

El poder de penetración icónico favorece la difusión de ideas entre un público precariamente alfabetizado. Pero, además, la capacidad del humor para jugar con dobles sentidos y metáforas visuales, así como la posibilidad de hablar de algo sin necesidad de explicitarlo, convierten al dibujo satírico en una herramienta fabulosa para eludir la presión de la censura. Y es que nuestra prensa ha estado siempre sometida a un control feroz de sus contenidos para evitar la propagación de ideas subversivas.

El Charlatán. Barcelona. Año II, serie 2a, Núm. 42 (23 de diciembre de 1887). Biblioteca Museu Víctor Balaguer. © Fotografía de Carles Pujades.

Feliu Elias, por ejemplo, fue uno de los autores que tuvo que exiliarse en varias ocasiones a lo largo de su carrera para evitar encontronazos con la justicia a causa de sus viñetas.

Otros, como Josep Escobar, fueron represaliados después de la Guerra Civil por las caricaturas que habían publicado durante el conflicto.

Feliu Elias Apa. Vaca loca. Dibujo satírico. Tinta sobre papel. Museu de Valls.

El humor que da que pensar

«Quien nos hace reír es un cómico. Quien nos hace pensar y luego reír es un humorista. » George Burns

Tras la risa provocada por un chiste hay un mecanismo cognitivo complejo que le ha permitido al cerebro establecer una relación entre dos elementos que en apariencia no la tenían. Por eso, cuando no somos capaces de percibir esta conexión decimos de un chiste que no lo hemos “entendido”. El hecho de entender es fundamental en el humor, y el profundo placer que proporciona la comprensión repentina tiene una manifestación física que es la carcajada. Pero para entender una broma debemos conocer el código, identificar un contexto en el que la chanza cobra sentido.

JUMA (Josep Mª Francisco). Cenicienta (cenicero), 1977. The Original Cha-Chá / Insòlit. Resina, 15,5 x 6,5 x 19 cm. Núm. registro: MADB 136994. Museu del Disseny.

Por este motivo, muchas veces no somos capaces de reír de manifestaciones humorísticas que habían hecho reír a nuestros abuelos, y los hijos se ríen de cosas que no hacen gracia a los padres: los contextos sociales, culturales y personales cambian y, por lo tanto, el mecanismo del chiste se desajusta completamente.

Josep Palau Oller. Dibujo. Publicado en Papitu, 1910. Fundació Palau.

Carles Hernández Mor (Carles H. Mor). La silla como se sienta. Fotografía, 2015. ME 2367. Museu de l’Empordà. Donación de la Associació Cultural La Muga Caula, 2015.

Joan Brossa. O de huevera, 1969. Madera, vinilo y hierro, 35,4 x 41 x 38 cm. Núm. registro 4985. Museu d’Art Contemporani de Barcelona.

Una estética de la comicidad

«La gente que ve un dibujo en The New Yorker piensa automáticamente que es chistoso porque es una caricatura. Si lo ve en un museo, piensa que es artístico; y si lo encuentra en una galleta de la suerte, piensa que es una predicción. » Saul Steinberg

El grafismo asociado con la comicidad se aleja del academicismo y es sencillo y expresivo. Garabatos sintéticos que permiten captar inmediatamente, sin perderse en detalles. De hecho, los vivaces dibujos del románico, que originariamente no tenían ningún tipo de connotación cómica, bajo la mirada contemporánea pueden revestirse de humorismo, puesto que se alejan del realismo y comparten recursos expresivos con manifestaciones artísticas que para nosotros no son “serias”, como el cómic, el dibujo de humor, los grafitis o el grafismo infantil.

Orante. Iglesia de Sant Quirze de Pedret, siglo X-XI. Decoración mural, pintura al fresco, 135 x 122,5 x 5 cm. Núm. de registro: MDCS 1. Museu Diocesà de Solsona.
Josep Maria de Sucre. Sin título, 1964. Pintura sobre táblex, 96 x 72 cm. Núm. inv. 257. 257. Museu de Granollers.
Desconocido. Homiliario de Breda, siglo XI. Museu d'Art de Girona, núm. reg. MDG0044. Fons del Bisbat de Girona. Foto: Rafel Bosch.

Alfred Sisquella i Oriol. Escena religiosa de carácter humorístico, s. d. Dibujo a tinta sobre papel, 15,4 x 21,1 cm. Museu del Cau Ferrat de Sitges. Fondo Cau Ferrat, núm. inv. FM 31. © Archivo Fotográfico del Consorci del Patrimoni de Sitges.

La persuasión de la sonrisa

«El secreto del humor es la sorpresa.» Aristòtil

El humor tiene un importante componente pedagógico: genera complicidad, facilita la atención y estimula la creatividad. Así, una vez comprobado este potencial didáctico, se ha utilizado en fórmulas diversas para fomentar distintos aprendizajes.

Las primeras revistas infantiles utilizan los dibujos humorísticos como herramienta para instruir y hacer penetrar valores en los niños. Numerosas publicaciones, desde En Patufet a TBO o los más modernos L’Infantil y Cavall Fort, han seguido esta vía.

Joaquim Calderer. Quimet Trapella que tot ho esgavella. Plancha para la impressión de una página de la revista L’infantil. Seminari de Solsona. Museu de Solsona.

NIT (Joan Macias). Los grandes inventos de TBO: Aparato para evitar el espectáculo repugnante de los condenados… Tinta y lápiz de colores sobre papel, 24,9 x 34 cm. Museu de Cerdanyola.

Asimismo, pronto la publicidad descubrió el potencial comunicativo del humor y lo ha utilizado para ampliar el alcance de penetración de sus mensajes comerciales. Algunos de nuestros mejores dibujantes de humor, como Cesc, también han destacado en el marco de la publicidad.

Àngel Grañena. Antispasmina Cólica, 1956. Tarjeta publicitaria, 16,7 x 11,9 cm. GAGB 9307/14. Museu del Disseny.

Cesc. Cartell Dia del Llibre 1977. 66,7 x 47,6 cm. Núm. registre MDB 10151. Museu del Disseny.

Sátira política y social

«La sátira es el arma más eficaz contra el poder: el poder no soporta el humor, ni siquiera los gobernantes que se llaman democráticos, porque la risa libera al hombre de sus miedos.» Dario Fo

La sátira, que ataca de manera feroz utilizando el ingenio, está presente en la literatura, la música y las artes escénicas a lo largo de la historia, puesto que busca ser lo más efectiva posible llegando al máximo de público. Así, a partir del siglo XIX encuentra un lugar privilegiado en la prensa, donde se convierte, asociada con la caricatura, en un arma de combate político y social. Los dibujos deformados, contrahechos y grotescos de los rivales políticos llenan las páginas de la prensa satírica. Cataluña ha sido un país con una efervescente prensa satírica, y varias generaciones de afilados dibujantes de prensa han construido una obra de gran interés. Las hemerotecas esconden verdaderas obras maestras del humor más periodístico, crítico y punzante.

Sébastien Charles Giraud. Grabado sobre el Théâtre National de l’Opéra (caricatura), 1899. Grabado sobre papel, 54,5 x 70 cm. Núm. registro: 09232. Museu Abelló.

Tomàs Padró. La Campana de Gràcia. Barcelona. Año II, Campanada LX. 25 de junio de 1871. Biblioteca Museu Víctor Balaguer. © Fotografía de Carles Pujades.

Ricard Opisso. Yo debería ser aviador, 1915. Tinta sobre papel, 31,8 x 27,9 cm. Núm. del catálogo: 076922-D. Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Joan Antoni Poch (JAP). Sin título, 2000. Impresión digital. ME 2792. Museu de l’Empordà. Donación del GEES (Grup d’Empordaneses i Empordanesos per la Solidaritat), 2021.

El humor subversivo

«Nada debe tomarse en serio en este mundo; la verdadera sabiduría consiste en saber reír.» Zsolt Harsányi

Uno de los principales componentes del humor es la transgresión. El grafismo con intencionalidad cómica, humorística o satírica puede transgredir las normas y las convenciones del dibujo académico y alterar la forma de representar la realidad en sus dibujos, consiguiendo así aumentar la eficacia emocional de la imagen y potenciar su mensaje. Del mismo modo que una fotografía reproduce la realidad, el dibujante filtra esta realidad y la reinterpreta, por lo que la imagen resultante siempre acaba por tener un valor añadido. Uno de los motores más potentes de la caricatura es su capacidad de provocación y transgresión. Transgresión icónica o estética, o provocación ideológica. Hurgar en la moral, desafiar al poder, romper las ideas preestablecidas o saltarse los límites de las convenciones semánticas o gráficas… todo le está permitido a la sátira gráfica, y así se ha utilizado para tratar temas delicados o en momentos críticos como la Guerra Civil.

Ramon Puyol. El acaparador, 1936. Litografía sobre papel, 68,2 x 48,3 cm. Núm. del catálogo: 128084-G. Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Núria Pompeia (Núria Vilaplana i Boixons). Dibujos para el libro Maternasis, 1967. Tinta y collage sobre papel. Núm. del catálogo: 254647-CJT. Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Josep Sancho Piqué. Horrores de una guerra, 1939. Tinta sobre papel, 24 x 32 cm. MAMT NIG 1005 / MAMT NIG 945 / MAMT NIG 937. Museu de Tarragona.

Ramon Calsina. Tragedia. Violencia Machista, 1929. Lápiz sobre papel, 67 x 50 cm. Núm. de Registro 5988. Museu Abelló.

Joan Brossa. España, 1971. Serigrafía sobre papel, 63,8 x 44,1 cm. Núm. registro 4529. Museu d’Art Contemporani de Barcelona.

Humor de colores

«La risa nace de un amasijo de dolores inasumibles. Es una manera, simultáneamente cruel y balsámica, de afrontar la herida. » Marta Sanz

Existe una curiosa relación semántica entre la estética y distintas modalidades del humor, ya que estas han sido bautizadas con nombres de colores que indican matices importantes.

Guarda (encuadernación), siglo XX. 22,5 x 20,67 cm. Núm. registro GAGB 906/13. Museu del Disseny.

El humor blanco es el más inocente, inocuo, vaciado de todo tipo de connotaciones. El humor para niños es tradicionalmente blanco, y autores como Pilarín Bayés son un paradigma de ello en Cataluña.

Pilarín Bayés de Luna. La escalada de la Prensa Catalana, 1975. Museu d’Art de Girona, núm. reg. 137.276. 137.276. Fondo de la Generalitat de Catalunya. Col·lecció Nacional d’Art. Foto: Rafel Bosch.

El humor verde incluye todas las manifestaciones relacionadas con el sexo, el erotismo y toda connotación sensual o lujuriosa, como algún dibujo de Ismael Smith.

Ismael Smith. Nano (autorretrato), 1907. Escultura fundida en bronce. 40,4 x 17 x 21,4 cm. Museu de Cerdanyola. Legado de Carles Pirozzini Martí. Núm de catalogo: 040758-000

. El humor negro, por el contrario, designa un humor amargo, no apto para todos los paladares, ya que se deleita en aspectos más pesados de la existencia: la muerte, la enfermedad, el dolor y el sufrimiento, y a menudo es tildado de desagradable y ofensivo.

Feliu Elias (Apa). Provocador, 1912. Tinta sobre papel, 29 x 24,6 cm. Núm. del catálogo: 072335-D. Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Helios Gómez. Lerroux le traitre…, 1936. Grabado, xilografía sobre papel, 29,5 x 27,5 cm. Núm. del catálogo: 214105-011. Museu Nacional d’Art de Catalunya.

¿Hay otros tipos de humor según su color? Ya me diréis si el reivindicativo Helios Gómez puede considerarse un representante del humor rojo, o si este azulejo de Ramon Casas tiene algo que ver con el humor marrón…

Ramon Casas. Los adelantos del siglo XX: el váter, 1899-1903. Azulejo de arcilla, 13,5 x 13,5 cm. Núm. de registro: 847. Museu d’Art de Sabadell.

Mil maneras de reír

«No hay espíritu perfectamente conformado si le falta sentido del humor.» Samuel Taylor Coleridge

¿Mil? No. No hay mil maneras de reír. Hay más de mil millones de maneras de reír. La risa estalla en compañía y es gustoso compartirla. Pero el sentido del humor, es decir, lo que nos hace o no reír y modula la intensidad de nuestra respuesta ante el estímulo humorístico, es algo absolutamente personal e intransferible, íntimo, único y precioso en cada una de las personas que hay (y ha habido) sobre el planeta. Claro que hay una parte de estos aspectos que son de origen social y cultural, y los aprendemos e interiorizamos hasta que forman parte de nosotros. Existe una comicidad gregaria, que se manifiesta en las juergas y fiestas populares, mediatizadas por comediantes, payasos, bufones o ninots del imaginario popular –como el Cucut y la Xurruca–, y otra comicidad personal y privada, que vive de la complicidad, como la que unía a Ramon Casas y Santiago Rusiñol. El humor juega con los significados y los contextos –como Picasso, poniendo a los centauros a trabajar– y con los pequeños detalles, como el delicioso mapa de Barcelona que Frisco dibujó para la Exposición del 29.

Reírse del muerto y de quien lo vela

«El humor es la manifestación más elevada de los mecanismos de adaptación del individuo.» Sigmund Freud

Construido sobre el equívoco, nutrido con la impertinencia, el secreto del humor es que revela las contradicciones que habitualmente asumimos a cambio de vivir en sociedad. La mayor parte de las instrucciones sociales, las relaciones que se establecen en una comunidad y el comportamiento que se nos exige para formar parte del grupo, vistos fríamente y a distancia, se vuelven ridículos. Por eso el humor puede resultar ofensivo, puesto que pone en duda algunas cuestiones aparentemente fundamentales. La broma y la transgresión son socialmente aceptadas, pero hasta cierto punto. Más allá de ese límite, aparece la intransigencia. No es ninguna novedad afirmar que, a lo largo de los siglos y todavía a día de hoy, los principales temas que le han sido vetados al humor tienen que ver con el poder político y el poder religioso. El humorista se convierte en un profesional de la transgresión, un diligente repartidor de oprobios.

Anton Sohn. El Magnate (Danza de la muerte), primer cuarto del siglo XIX. Terracota policromada. Núm. de registro: MFM S-25560. Museu Frederic Marès.

Das Pastoras. El Víbora, Extra de Navidad, 1988. Barcelona [La Cúpula], núm. 107. 107. 26,5 x 20,5 cm. Núm. de registro A12015.103. Museu d’Art Contemporani de Barcelona. Colección MACBA, Centro de Estudios y Documentación.

Miguel Gallardo. La historia de la iglesia, 1979. Tinta china y tramas mecánicas sobre papel, 50,3 x 35 cm. Colección MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida. Donación de Miguel Gallardo, 2019.

La risa en la postmodernidad

«Cuenta tu edad por amigos, no años. Cuenta tu vida por sonrisas, no por lágrimas. » John Lennon

El humor está vivo y late con la sociedad. Lo que hoy nos hace reír quizás no tendrá el mismo efecto la próxima semana. O viceversa: lo que hoy es una tragedia, con un poco de tiempo pasará a ser material para la comicidad. Ramon Casas parodiaba los antiguos azulejos de oficios con sus Adelantos del siglo XX, recreando su estética y actualizando sus contenidos.

Ramon Casas. Los adelantos del siglo XX, 1899-1903. Acuarelas preparatorias para una serie de azulejos, 13,5 x 13,5 cm. Núm. de registro: 806, 807, 808, 809, 810, 811, 812, 813, 814, 815, 816, 817, 818, 823, 824, 827, 828, 829. Museu d’Art de Sabadell.

Salvador Dalí y Carles Fages de Climent. El triunfo y el pareado de Gala y Dalí, 1961. Auca, 63 x 43,5 cm. ME 2424. Museu de l’Empordà.

Marc Aleu, bajo el pseudónimo de Cram, importaba a las páginas de un número de Dau al set el humor moderno que rompía los esquemas del humor de porrazo de las revistas de risa del franquismo. Mariscal diseña un juego de saleros jugando irónicamente con formas y referencias pop.

Cram (Marc Aleu). Dau al set. Without words, 1954. Publicación. Tinta impresa sobre papel, 25 x 18 cm. Museu d’Art Contemporani de Barcelona.

O Alfonso López incorpora referentes de la cultura audiovisual y televisiva del momento en sus viñetas.

Alfons López y Xavier Roca. Canales (Serie Aníbal y Victoria), 1996. Tinta china y acuarela sobre papel, 39,6 x 32,7 cm. Colección MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida. Donación de Alfons López, 2016.

Todas las manifestaciones humorísticas se construyen sobre referencias que el emisor y el receptor deben compartir. Si hay un contexto que envuelve el chiste, el humor se disipa y se desvanece.

Javier Mariscal. J. Klandinski (salero), 1991. Porcelana, 9,9 x 6,5 x 5,2 cm. Núm. de registro MADB 136364. Museu del Disseny.

Epílogo: quien no sabe reír no sabe vivir

La risa estalla en tus labios durante un breve instante y luego se evapora, pero su calor puede durar mucho rato. Una sonrisa se puede dibujar en tu rostro en cualquier momento y hace que todo se ilumine. Como escribía Joana Raspall, «con solo una sonrisa que me regales al pasar, me lleno de alegría y veo más grande el mundo». Una carcajada es una joya resplandeciente, un pequeño tesoro que se agranda cuando lo compartimos y nos recuerda el latido profundo de la vida al fondo del corazón. Reír nos enriquece, porque nos hace sentir más vivos. Y estar vivo es indudablemente mejor que no estarlo. Ríe. Ríe, que la vida son dos días y estar triste es tontería.

Eva M. Ramon. Yo, tú, ella…, 2013. Impresión digital. Núm. de registro ME2885. Museu de l’Empordà. Donación del GEES (Grup d’Empordaneses i Empordanesos per la Solidaritat), 2021.

Josep Coll. Capturando una bomba, 1950. Tinta y lápiz sobre papel. Núm. del catálogo: 254290-000. Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Xavier Nogués (Babel). Uix!,1922, 1922. Tinta sobre papel, 15,7 x 19 cm. Núm. de Registro 657. Museu d’Art de Sabadell.