1000 maneras de morir en un museo de arte

Comisario: Ricard Mas

¡Enhorabuena! Si estás leyendo este texto (y no eres una inteligencia artificial) significa que todavía respiras. Todavía. Porque vivir significa habitar el breve lapso de tiempo que existe entre el nacimiento y la muerte.
El arte, inseparable de la expresión humana, nos revela los innumerables discursos y reflexiones del alma en torno a sus límites.

Esta exposición online se limita a mostrar algunos casos pertenecientes a la infinidad de maneras de afrontar la muerte, a través de obras de carácter muy distinto, en su inmensa mayoría visitables públicamente en las 22 instituciones que forman la Red de Museos de Arte de Cataluña.


Los personajes que figuran en esta sucesión de obras ya no respiran. Sus autores tampoco. Pero nos siguen hablando. Y nos plantean una pregunta que trasciende más allá de nuestra preocupación por la finitud: ¿soy?

Temiendo morir

El miedo a morir nos mantiene vivos. Numerosos elementos nos recuerdan nuestra perecebilidad, y de todos ellos el más característico es la calavera. Las calaveras carecen de rostro y materializan la pérdida de la identidad.

En la guerra

La guerra es, con permiso de las pandemias, la principal causa de muerte masiva. Desgraciadamente, la evolución de la ciencia, en lugar de favorecer las condiciones de la humanidad, las empeoró terriblemente poniéndose al servicio de la carrera bélica. Las dos guerras mundiales dan fe de ello.

Con mucho dramatismo

Existen obras que se centran intensamente en llamar la atención: efectistas, escandalosas, intensamente dramáticas. Forman cuadros escénicos en los que cualquiera podría imaginar una narrativa determinada. Y nada más dramático que una muerte bien atada.

Deseando

El hermanamiento de deseo y muerte se puso de moda en Europa durante el romanticismo. Giacomo Leopardi escribió: “Fratelli, a un tempo stesso, Amore e Morte / Ingeneró la sorte” (Hermanos a la vez creó la suerte / al Amor y a la Muerte). Más adelante, Freud teorizó sobre las dos grandes pulsiones humanas: la que conduce a la muerte y la que impulsa la vida, que incluye la sexualidad.

Memorablemente

Hay muertes especialmente célebres. La mayoría son mitos, leyendas e hitos religiosos. A pesar de que una de las consecuencias de la muerte sea el olvido, en estos casos la narrativa es tan poderosa que ha perdurado durante milenios.

En la cama

Una cama no es solo un mueble para dormir, también es un lugar donde nacer, morir, reproducirse… y reponerse de una lacra. Numerosos creadores han descubierto su vocación, durante la infancia o adolescencia, después de una prolongada enfermedad que les ha obligado a permanecer en cama.

Motu proprio

A menudo, en la cultura clásica antigua, el suicidio era un mecanismo para preservar el honor y las posesiones. Con la expansión del cristianismo, la representación de esta práctica estuvo bastante relegada hasta la llegada del romanticismo, cuando los artistas volverán a instaurar con fervor el tema e incluso la práctica.

Naturalezas muy muertas

Antes de la irrupción de las distintas técnicas fotográficas y de su normalización, la gente tenía muy pocas formas de conservar la imagen de sus seres queridos una vez que fallecían. En los casos en los que era posible, se les dibujaba o pintaba un retrato de urgencia.

Topografías de la memoria

Otra técnica para preservar el recuerdo de los difuntos era hacerles una máscara antes de enterrarlos. Persona, en latín, designa a las máscaras de los actores. De ahí la palabra «personalidad». La máscara mortuoria pretende conservar la excepcionalidad individual del ser que ya no es, resumir una esencia en un rostro.

El cementerio del arte

En ocasiones, los museos son cementerios en un sentido literal, porque acogen fragmentos de muertos guardados en relicarios, y cadáveres enteros momificados. En un sentido más simbólico, un museo es un mausoleo de legados artísticos. E incluso, el canon favorecido por las colecciones de los museos condiciona la libertad de la creatividad contemporánea, por eso el futurista Marinetti propugnaba su destrucción.

Todo aquello que no está muerto, pero tampoco está vivo…

¿Puede haber vida después de la muerte? Una existencia inmaterial no puede calificarse, estrictamente, de vida. Entonces, ¿con qué palabras deberíamos calificar una vida que ha cruzado el umbral de la muerte? ¿Puede una vida eterna, sin preocupación por la muerte, seguir siendo llamada vida? Lo que no dicen las palabras, quizá se lee en las imágenes.