Joan Maria Minguet Batllori
Las imágenes no hablan por sí mismas. Haciendo una interpretación interesada de “la paradoja del gato” del físico Erwin Schrödinger, las obras de arte no existen hasta que alguien las observa y se pregunta algo al respecto. Si no hay preguntas, y aceptamos que aquella imagen tiene el poder autónomo de explicarse por sí misma, convertimos al observador en un ser secuestrado y el arte, en cosmética.
Las imágenes no hablan por sí mismas, responden a las preguntas que les hacemos, en cada momento y en cada contexto. Y el museo es un contexto institucional que, bajo una apariencia neutral, iguala políticamente todos los mensajes —todas las interpretaciones, sucesivas y coetáneas— que las imágenes pueden ofrecer. En el museo, el tiempo se detiene y pasa a estar controlado por la institución, aunque, a veces, la institución no quiera.
Este proyecto propone algunas lecturas a partir de la hipótesis de la neutralidad imposible del museo. Un conjunto de obras procedentes de la Xarxa de Museus d’Art de Catalunya que piden que el observador elija una interpretación: entre el poder y la disidencia, entre el ejercicio del poder y el arte que se ha mostrado crítico con él. Que el observador abra la caja y decida si el gato de Schrödinger está vivo o muerto.
Los museos acumulan en sus salas rastros de aquellos que han mandado. Y de los que mandan ahora: en las salas, o, si esos mandatarios han caído en desgracia, en los almacenes. En realidad, algunas imágenes son confusas. ¿Qué hacen allí esas obras? Algunos de los propósitos con los que nacieron, fuera a favor o en contra del poder, quizás se hayan desvanecido. La representación del poder ha sido tradicionalmente sumisa, pero las imágenes dependen de la mirada del observador.
En los almacenes de los museos catalanes encontramos, por ejemplo, monedas, bustos y retratos del dictador Franco. Algunas ideologías quizás las querrían recuperar para hacer valer el fascismo al que representan. Y de aquí para atrás, más mandatarios. Y más mandatarios, de aquí o de allá, reales o imaginarios. ¿Qué hacemos con tanto poder maníaco, con lo que representan, con los artistas que hicieron signos de ellos? ¿Qué hacemos con nosotros, que lo observamos?

Baldomer Gili Roig. Alfonso XIII, 1905. Oli sobre tela, 220 x 110 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 0334. Donació de la Diputació de Lleida, 1917

Jordi Jové. El caballo es un buen amigo, 1987. Pintura metal·litzada, acrílic i guaix sobre paper, 60 x 39 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 0954. Cessió de l’Ajuntament de Lleida, 1987

Ignasi Prat. El mundo de los vencedores (Pazo de Meirás, Sada), 2014. Fotografia digital color, 78 x 110 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 5009. Dipòsit de la Generalitat de Catalunya. Col·lecció Nacional de Fotografia, 2022
Nicolás Martínez Lage, NIKO. Adolf Hitler, 1950-1981. Retolador i guaix sobre cartolina, 63,4 x 42,5 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 1041. Donació de la Família Martínez Andrea, 1993
Nicolás Martínez Lage, NIKO. Alfonso XIII, 1950-1981. Retolador i guaix sobre cartolina, 56,2 x 49,5 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 1026. Donació de la Família Martínez Andrea, 1993
Nicolás Martínez Lage, NIKO. Fidel Castro, 1950-1981. Llapis i retolador sobre cartolina, 67,2 x 40,2 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 1037. Donació de la Família Martínez Andrea, 1993
Nicolás Martínez Lage, NIKO. Francisco Franco, 1950-1981. Retolador sobre cartolina, 31,5 x 23,4 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 1053. Donació de la Família Martínez Andrea, 1993
Nicolás Martínez Lage, NIKO. Francisco Franco, 1950-1981. Retolador sobre cartolina, 31,5 x 23,5 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 1091. Donació de la Família Martínez Andrea, 1993
Nicolás Martínez Lage, NIKO. Lenin, 1950-1981. Retolador i guaix sobre cartolina, 65,6 x 49,6 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 1033 Donació de la Família Martínez Andrea, 1993

Toni Prim. Prohibido pegar carteles. Lleida , 1976. Fotografia en blanc i negre. Còpia moderna del negatiu original, 18 x 28 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 4840. Dipòsit de la Generalitat de Catalunya. Col·lecció Nacional de Fotografia, 2020

Vilanova, Oriol, Forjadores de Imperio, 2009. Fotografies de Jalón Ángel, ca. 1939. Litografia sobre paper 30 postals: 14.3 x 9 cm c/u. Col·lecció MACBA. Consorci MACBA © Oriol Vilanova

La Serenidad, Lambert Escaler, 1874 – 1957, terracota policromada. Reg. 4223. Museu Abelló . Mollet del Vallès

Primitivo Martín. Aspirina Mao, 1979. Fotografia dins plàstic Aspirina, 1,8 x 1,8 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 4438. Donació de Lucía Martín Carrero, 2019

Evarist Vallès. Nadal 71734. Museu de l’Empordà
La máxima expresión del poder es la riqueza, la ostentación económica. Es en el lujo, en la desigualdad, que el poder se manifiesta; por ejemplo, en la decoración de palacios e iglesias. Fuera de aquí, la exuberancia económica no es fácil de encontrar en la historia del arte, especialmente en época contemporánea.
En cambio, hay muchas imágenes que representan la otra cara de la riqueza: la pobreza, dando sentido al dicho de Samuel Beckett, «A quien nada tiene le está prohibido no aceptar con gusto la mierda». Otra expresión temática de la riqueza es la caridad, porque la caridad solo se entiende desde la desigualdad de la sociedad: quien tiene se desprende de sus sobras.
El arte ha acudido muy a menudo a la pobreza (y a la caridad), pero los pobres casi nunca han sido los que se han representado a sí mismos.
Josep Sancho Piqué. Caridad cristiana. Museu d’Art Modern de Tarragona

Bernat Martorell. Santa Llúcia repartiendo limosna. Museu Nacional d’Art de Catalunya

Clemente Salazar. Bohemio, 1926. Oli sobre tela, 195 x 96 cm.
Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 0315. Donació de Clemente Salazar, 1926

La Caridad. DHUB Barcelona

Josep Bernat Flaugier. Un santo repartiendo limosna. Museu Nacional d’Art de Catalunya

Josep Sancho Piqué. Comiendo de basuras. Museu d’Art Modern de Tarragona

Isidre Nonell. Dos gitanas, 1903. Museu Nacional d’Art de Catalunya

Abad, Francesc. El Camp de la Bota, 2004, Materials diversos. Dimensions variables, Col·lecció MACBA. Consorci MACBA. Donació de l’artista © Francesc Abad, VEGAP, Barcelona © De la fotografia: Joan Roca de Viñals

APA (Feliu Elias). La caridad cristiana (dibuix/caricatura). Museu Nacional d’Art de Catalunya

Ton Sirera. El Canyeret, Lleida, c. 1950. Fotografia en blanc i negre, còpia d’època, 30 x 40 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 3490. Donació de Pere Sirera, 2013 ©Arxiu Ton Sirera, Lleida.
La representación visual de la policía, de todas las policías del mundo, de lo que el poder llama “las fuerzas del orden”, no genera la misma reacción en todos los que la miran. Todo depende de la predisposición ideológica del observador. Aquí debemos tener en cuenta la alerta del filósofo francés Jacques Rancière: para ver injusticia en una imagen, esto es, en una representación, antes es necesario que el individuo sea consciente de aquella injusticia en la vida real.
Quien no vea represión injusta en las obras de Eulàlia Grau o de Esther Remacha; quien no se incomode con un cacheo policial representado a finales del siglo XIX; quien no se estremezca con los guardias a caballo de Samarra… tendrá una mirada donde el arte se pondrá por delante de la vida. La fotografía de Paula Artés de una comisaría de la Guardia Civil española nos sitúa en la ambivalencia de la imagen: puede ser asumida, también, por las ideologías más ultraderechistas. No, las imágenes no hablan por sí solas.

Josep Lluís Pellicer. Registro policíaco, 1886. Museu Nacional d’Art de Catalunya

Antoni Samarra. Guàrdies, c. 1913. Carbó sobre paper, 21 x 31 cm.
Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 0347. Donació de Francisca i Maria Samarra, 1929

Grau, Eulàlia, Public Order, 1978. R.5061/ R.2794 Impressió òfset sobre paper. Col·lecció MACBA. Consorci MACBA. Dipòsit de l’artista © Eulàlia Grau, VEGAP, Barcelona

Maniquí de cabeza con gorro de Guardia Civil. Reg. 4604. Museu Abelló. Mollet del Vallès

Paula Artés. Fuerzas y Cuerpos: 41º24’20.9’’N 2º09’52.5’’E, 2016. Fotografia color, 47 x 40 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 4877. Dipòsit de la Generalitat de Catalunya. Col·lecció Nacional de Fotografia, 2021

Esther Remacha. Luchadoras de la tierra 3, 1976-1977. Fotografia en blanc i negre, 30 x 40 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 5022. Dipòsit de la Generalitat de Catalunya. Col·lecció Nacional de Fotografia, 2022

Francesc Català-Roca, «Publicitat Barcelona», 1953. Museu de Valls
La cárcel es una instancia coercitiva que han utilizado todos los poderes. Y que lo utilizan todavía. Es un dispositivo punitivo donde la libertad del individuo queda cancelada.
En su representación visual, sin embargo, hay unas lecturas a menudo románticas de la tragedia que supone el cautiverio: recordemos los grabados de Piranesi (o aquella Ronda de los presos de Van Gogh, que reinterpretaba un grabado anterior de Gustave Doré). También Marià Fortuny y Enric C. Ricart dieron una visión edulcorada de la vida del preso. A menudo, el arte ha estetizado la represión, el castigo infligido por el poder, como en los “ajusticiados” de Josep Sancho.
Sin embargo, la existencia de los presos (especialmente, los políticos) ha sido vista desde posiciones aparentemente comprometidas, como demuestran el homenaje al preso político desconocido de Camil Fàbregas —pensada muy probablemente para participar en el concurso internacional The Unknown Political Prisoner que había convocado la Tate de Londres— o el tríptico La esperanza del condenado a muerte, de Joan Miró, en homenaje al anarquista Salvador Puig Antich.
Giovanni Battista Piranesi. Prisión. Museu Nacional d’Art de Catalunya

Josep Planella. Interior de una prisión (escenografía). Museu Nacional d’Art de Catalunya

Marià Fortuny. Prisionero en la prisión (anvers). Museu Nacional d’Art de Catalunya

Josep Casanovas Clerch. Tormento de un prisionero, darrer quart segle XIX. Oli s. tela, 1’97 x 2’75 m. Núm. d’ inv. 948.

Josep Sancho Piqué. Mirando a los ajusticiados. Museu d’Art Modern de Tarragona

Claude Arvaud Moisson, Retrat del filósof francès R. Brasillach, (c. 1944), Museu de Valls.

Camil Fàbregas Dalmau. Proyecto para el monumento al preso político desconocido 1945. Fusta i pedra, 51x30x30 cm/ peanya 30x30cm. Número d’inv.: 1930.

Carlos Giménez. España, Una, Grande y Libre (Carne de cárcel, original 1), 1990. Tinta xinesa sobre cartolina, 45,7 x 33 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 5015.01. Dipòsit de la Generalitat de Catalunya. Col·lecció Nacional del Còmic i la Il·lustració, 2022

C. Ricart. La vida es sueño. Museu Víctor Balaguer

Joan Miró. La esperanza del condenado a muerte I. Fundació Joan Miró.

Joan Miró. La esperanza del condenado a muerte II. Fundació Joan Miró.

Joan Miró. La esperanza del condenado a muerte III. Fundació Joan Miró.
Agustí Centelles. Sin título (Bombardeo de Lleida, fárboles del cementerio), 1937. Fotografia en blanc i negre, 23 x 34 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 4332. MECD, CDMH, Archivo Centelles, 2017
La historia de la visualidad (de la pintura al cine, de la fotografía a los juegos virtuales) ha dedicado atención especial a las guerras, las reales y las de ficción. Y, a su vez, de forma inverosímil, ha efectuado retratos y homenajes a los impulsores de estas guerras.
Las guerras son provocadas y alimentadas por los poderes instituidos; el sistema se retroalimenta a través de los combates donde siempre mueren los inocentes. Quizás más que nunca, es aquí donde el observador debe tomar partido, porque las guerras del pasado son las guerras de ahora, y los damnificados son los mismos.
Las imágenes de Agustí Centelles, por aquella huella de la realidad que ofrece la fotografía, se acompañan de miradas hechas por medio del dibujo. La lectura del arte contemporáneo (Torres, Rabascall, Solsona…) nos acerca a la lectura crítica de la guerra desde el simbolismo del arte. ¿O no?

Agustí Centelles. Sin título (Bombardeo de Lleida, familiares en el cementerio), 1937. Fotografia en blanc i negre, 34 x 23 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 4337. MECD, CDMH, Archivo Centelles, 2017

Josep Bartolí. Las colas de la guerra. Museu de l’Empordà

Josep Lluís Pellicer. Toma del alto del Centinela. Museu Nacional d’Art de Catalunya

Rabascall, Joan. Atomic Kiss, 1968. Acrílic sobre tela, 162 x 97 cm. Col·lecció MACBA. Dipòsit de l’Ajuntament de Barcelona © Joan Rabascall, VEGAP, Barcelona

Solsona, Alberto, El arte de la guerra, 1973. Acrílic sobre tela, 116 x 89 x 1.5 cm. Col·lecció MACBA. Consorci MACBA. Donació Fundación Almela-Solsona © Fundación Almela-Solsona

Torres, Francesc, Newsweek Series #14, 1991. Fotografia per blanqueig de colorants sobre polièster, Tríptic. 170 x 375 cm. Col·lecció MACBA. Dipòsit de l’Ajuntament de Barcelona. Donació Rafael Tous © Francesc Torres, VEGAP, Barcelona

Eneko Las Heras. Diálogo vs guerra. Museu de l’Empordà

Josep Badosa. La gloriosa Aviación Republicana que tan brillantemente ha actuado en todos los frentes (fotografía). Museu Nacional d’Art de Catalunya

Jaume Solé. Retablo Homenaje a Sarajevo. Museu d’Art Modern de Tarragona
La teoría marxista ya marcó que la religión, la filosofía y el arte eran las superestructuras ideológicas que sustentaban la sociedad de clases, el dominio de una sobre las demás. En una palabra: la estructura económica que genera la desigualdad.
El poder siempre ha utilizado el arte para hacer valer su propio poder: retratos presuntamente mayestáticos (los retratos ecuestres son la máxima expresión de la autocomplacencia y del uso de los artistas serviles), escenas religiosas destinadas a expandir el miedo de los feligreses, el presunto glamur de todo lo relacionado con el arte…
En el siglo XIX se empieza a poner en cuestión este paradigma. Y, sin embargo, el sistema capitalista lo fagocita todo. Los museos, así, encapsulan dentro de sus salas tanto el arte hecho a mayor gloria de los poderes como aquellas obras que habían nacido para oponerse a él.
Miquel Viladrich. El Conde-Duque de Olivares, 1908. Oli sobre tela, 154 x 156 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 0326. Procedència desconeguda

Ábside de Sant Climent de Taüll. Museu Nacional d’Art de Catalunya

Joan Ferrer Miró. Exposición pública de un cuadro. Museu Nacional d’Art de Catalunya

Josep Lluís Pellicer. Exposición de arte de 1787. Museu Nacional d’Art de Catalunya

Ramon Martí Alsina. Una sala de exposiciones. Museu Nacional d’Art de Catalunya

José González Bande. El camino de la gloria artística. ME-638 Museu de l’Empordà

Antoni Garcia Lamolla. Cartel, c. 1936. Tèmpera sobre paper, 59 x 37,5 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 1513. Donació de Francisco Cristòfol, 1999

Club 49 (Grup d’artistes), Borràs, Maria Lluïsa. Llanterna màgica Gomis-Prats : projecció del Fotoscop: visita a l’exposició Miró a la «Tate Gallery» de Londres organitzada per Roland Penrose, 1965. 15.8 x 12.7 cm. Col·lecció MACBA. Centre d’Estudis i Documentació. Fons Maria Lluïsa Borràs

Xifra, Jaume, Morceau d’art pas encore reconnu,1967. Maó i ferro muntats sobre estructura de tela i fusta, 74 x 63 x 7 cm. Col·lecció MACBA. Dipòsit de l’Ajuntament de Barcelona © Jaume Xifra, VEGAP, Barcelona

Perejaume, Migdia a Valls, 2009. Museu de Valls.
Quienes han ostentado el poder a lo largo de la historia no han dado permiso para mostrar la oposición a su mandato: si existe esa visualidad disidente es porque, en un momento determinado, esa mirada crítica estaba permitida, o vivía en la clandestinidad y, más tarde, fue asimilada por las instituciones, entre las cuales están los museos.
El arte es ideología. O, dicho de otra forma, los museos no son neutrales. Una vez más, todo acaba dependiendo de la mirada del observador, necesariamente suspicaz, atenta a las manipulaciones de todo orden que se hacen por medio de las representaciones.
Los museos de arte catalanes están llenos de obras que necesitan ser interpretadas por saber de qué lado de la democracia están. ¿Jugamos?
Antoni Estruch. Una manifestación obrera / Manifestación por la República , 1904. Oli s. tela, 141’5 x 201’5 cm. Núm. d’inv.: 1104.

Miquel García Membrado. 53 Revoluciones. Museu d’Art Modern de Tarragona

Núria Güell. Apátrida por voluntat propia, 2015-2016. Fotografia color, 148,7 x 42 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 4324. Dipòsit de la Generalitat de Catalunya. Col·lecció Nacional de Art Contemporani, 2018

Primitivo Martín. Trilogia Mao, 1979. Fotomuntatge, 9 x 15 cm.Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 4413. Donació de Lucía Martín Carrero, 2019

Toni Prim. Primer referéndum. Lleida, 1976. Fotografia en blanc i negre. Còpia moderna del negatiu original, 18 x 28 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 4842. Dipòsit de la Generalitat de Catalunya. Col·lecció Nacional de Fotografia, 2020

Alfons López. Centrales nucleares. El Papus , 1979. Tinta xinesa sobre paper, 16,3 x 26 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 4012. Donació d’Alfons López, 2016

J. Pons. Lina Ódena. Museu Nacional d’Art de Catalunya

Daniel Argimon. Cartel para la revolución, 1971.Museu de l’Empordà

Alfons López. En algunos lugares estoy de un «camp» permanente, 1971. Collage i tinta sobre cartolina, 25,7 x 20,5 cm. Col·lecció MORERA. Museu d’Art Modern i Contemporani de Lleida, 4983. Donació d’Alfons López, 2022

Francesc Abad, sense títol [Contra l’abocador de Forès], c. 1990, Museu de Valls.